
Frecuentemente me encuentro con cosas que quisiera cambiar en mi forma de ser, de encarar las cosas que me pasan o simplemente en la forma de vivir la vida. Las identifico, las veo, me molestan o tal vez sólo creo que cambiarlas mejoraría mi existencia.
Eventualmente trabajo en el tema y, según el caso, obtengo diversos niveles de éxito. Aunque, por lo general, termino fracasando y vuelvo a ser el de siempre, más tarde o más temprano.
Es entonces que se presenta ante mí un nuevo interrogante, ¿es posible hacer cambios importantes en la personalidad una vez que se ha formado? ¿tiene sentido esforzarse en cambiar aquello que no nos gusta de nosotros o, por el contrario, sería más razonable aceptarnos como somos y tratar de querernos lo más posible?
Por mucho que lo intente, no logré hasta el momento recordar ningún cambio que haya podido incorporar sobre mi personalidad. Aquello que no me gusta de mí termina volviendo a aparecer, como recordándome que soy eso que soy, con lo que me gusta y lo que no.
Como soy muy obstinado, lo sigo intentando, pero empiezo a pensar que no sería mala idea ponerle más ganas a lo otro, a ver qué puedo construir a partir de lo que soy, y cómo puedo aceptar lo que no me gusta de mí y tratar de entender mejor por qué pasa y qué hay detrás. Ya no para cambiarlo, sino para aceptarlo y vivir en paz.
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