
No tengo dudas en cuanto a que todos podemos hacer aquello que deseamos. No hay excusa válida para no hacerlo, somos completamente responsables de todo aquello que hacemos, pero también de lo que dejamos de hacer.
Tengo dos ejemplos claros de mi propia vida: en 2013 me propuse estudiar temas de tecnología de mi profesión. Por un sinfín de motivos no lo hice, o al menos no en la medida en la que me lo había propuesto. Podría dar muchas explicaciones por las que no lo hice, pero creo que lo cierto es que elegí no hacerlo, darle prioridad a otras cosas. Esto no es bueno ni malo, no cabe calificarlo porque desviaría el foco de lo que intento explicar, simplemente así sucedió, elegí hacer algo diferente de lo que me había propuesto inicialmente.
El otro ejemplo es aún más personal: a consecuencia de algunos resultados de mis últimos análisis de laboratorio, decidí que necesitaba consultar con un nutricionista, comenzar alguna disciplina de actividad física y, probablemente, buscar un médico homeópata con quien comenzar un tatamiento a largo plazo. No hice ninguna de las tres cosas.
No es simple entender los motivos por los cuales nos boicoteamos, o al menos no para mí. Pero lo cierto es que ocurre, y es importante tener plena conciencia de que es una decisión personal, consciente o no, pero decisión al fin.
Creo que es el primer paso para cambiar la realidad, con nuevas decisiones.