
Estos días estoy notando que cuando intento mantener conversaciones con diversas personas, no aparece un intento genuino de escuchar, analizar y enriquecerse con el aporte del otro, sino que termina siendo una colección de exposiciones que persiguen el objetivo último y único de ser escuchadas, no hay voluntad de aprendizaje o al menos de buscar en la mirada del otro algún matiz diferente al propio, algo en lo que ni siquiera nos habíamos detenido a pensar.
En este contexto me pregunto si tiene sentido conversar. Si sólo queremos ser escuchados, si no estamos dispuestos a que el otro nos diga algo con lo que no estamos de acuerdo, ¿para qué someterlo a nuestro rechazo? ¿cuál sería el sentido de aventurarnos en una puja estéril, una batalla perdida desde el inicio?
Y voy un paso más, si sólo quiero ser escuchado y creo que no hay refutación válida para lo que voy a decir, ¿puedo considerar a eso una conversación? Tal vez ahí esté el nudo del problema, para que haya conversación se necesitan varios elementos más que sólo un mínimo de dos participantes y un grupo de temas, hace falta respeto mutuo, voluntad de escuchar atenta y activamente, amplitud de criterio, ganas.