lunes, 31 de enero de 2011

¿Sirve pensar?


Instintivamente me apuro a decir que sí. Si lo elaboro un poco más, me inclino a creer que, en realidad, tiene cierta relación con el objetivo.
Lo que quiero decir es que, en ocasiones, pensar por el mero hecho de hacerlo puede resultar un ejercicio intelectual interesante y hasta motivador, pero también se corre el riesgo de caer en un estado de confusión en el que se tiene la amarga sensación de que no se llegó a nada útil.
No sé nada del tema, pero tengo entendido que hay hasta diferentes métodos propuestos por distintos autores para pensar. Es raro, porque a la mayoría de las personas pensar nos sale automáticamente, e incluso es muy difícil dejar de hacerlo aunque más de una vez nos gustaría. También hay cantidad de técnicas para eso, para dejar de pensar, pero también las ignoro a todas ellas.
Mi papá era un gran amante del pensar, recuerdo que solíamos hablar una y otra vez de los mismos temas, y él decía que ese pensar en voz alta era la primera aproximación a resolver el tema, no importa cuál fuera.
En la práctica, no podría recordar cuántos de esos temas resolvimos pensando juntos, pero de que pasamos momentos maravillosos intentándolo, no tengo la menor duda.
Creo que sirve pensar, aunque es importante discernir en qué momentos ayuda y en qué otros no resulta una buena idea. La mente también necesita descanso, lograr el silencio interior indispensable para conectarse con uno mismo desde lo absolutamente sensorial, desprovisto de lógica, prejuicios y conocimiento alguno.

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